La perimenopausia puede contribuir a la fatiga diurna, pero rara vez es el único factor. El sueño interrumpido, los sudores nocturnos, el bajo estado de ánimo, el estrés, las reglas más abundantes (y la falta de hierro que pueden provocar), los cambios de tiroides y la carga del día a día suelen sumarse. Si el cansancio es nuevo, persistente o afecta a tu vida diaria, vale la pena ir al médico para comprobar qué más puede estar influyendo.

Una mujer cansada de mediana edad sentada frente a su escritorio, frotándose los ojos

Este artículo trata del cansancio diurno en la perimenopausia —esa fatiga pesada de la que cuesta librarse— y de lo que puede haber detrás. El NHS incluye los cambios hormonales, entre ellos la menopausia, entre las causas frecuentes del cansancio, junto con el mal sueño, el estrés, la depresión y algunas enfermedades. Muchas mujeres describen esta fatiga como algo distinto del cansancio habitual: más profunda, más impredecible y más difícil de recuperar. Esto no significa que todo cansancio sea «solo cosa de hormonas», y el agotamiento persistente o intenso debe valorarlo un médico. Pero si el cansancio aparece junto con reglas irregulares, cambios en el sueño, sofocos, cambios de humor o niebla mental, la perimenopausia puede ser una parte del cuadro.

¿Por qué la perimenopausia puede hacerte sentir tan cansada?

La perimenopausia puede hacerte sentir cansada porque varias cosas pueden estar cambiando a la vez: las hormonas, el sueño, la regulación de la temperatura, el estado de ánimo y tu forma de afrontar el estrés. La fatiga no suele deberse a una sola causa, sino a varias pequeñas fugas de energía que se producen al mismo tiempo.

Hay un tipo de cansancio que es fácil de explicar.

Te acostaste demasiado tarde. Trabajaste demasiado. Tuviste a un hijo enfermo en casa. Viajaste. Te exigiste demasiado.

Luego existe otro tipo de cansancio.

Ese en el que has dormido, pero te sigues levantando pesada. Ese en el que el café te ayuda un rato y luego te deja más irritable que despierta. Ese en el que miras una tarea normal —responder un correo, preparar la cena, guardar la ropa— y te parece extrañamente enorme. Ese en el que piensas: Antes podía con todo esto. ¿Qué me ha pasado?

Muchas mujeres se encuentran con este tipo de fatiga a los 40 y a principios de los 50. Y como la vida suele estar muy llena al mismo tiempo, a menudo lo primero que hacen es culparse.

Piensan que son perezosas. Que les falta motivación. Que han perdido la disciplina. Que necesitan una rutina mejor, una dieta más estricta, un suplemento nuevo, una personalidad más heroica.

Pero la fatiga durante la perimenopausia no es un problema de carácter. A menudo es un problema de carga. Puede que tu organismo esté soportando más de lo que es capaz de recuperar, y la perimenopausia puede sumar a esa carga con el sueño interrumpido, los sudores nocturnos y los cambios de humor.

Puede que no estés haciendo mucho más que antes. Pero es posible que tu cuerpo se recupere peor de la misma cantidad de vida.

La sociedad norteamericana de menopausia (The Menopause Society) señala que varios síntomas de la menopausia —entre ellos los sofocos, los problemas de sueño, el dolor y la depresión— pueden hacer que las mujeres se sientan fatigadas. Así que, cuando una mujer dice «estoy cansada todo el tiempo», la verdadera pregunta rara vez es solo: ¿Cuántas horas has dormido?

La mejor pregunta es: ¿qué te está quitando la energía? ¿Qué interrumpe tu recuperación? ¿Qué ha cambiado en tus hormonas, tu sueño, tu estrés, tu alimentación, tu movimiento o tu salud? ¿Y qué intenta decirte tu cuerpo antes de tener que gritar más fuerte?

¿Cómo se siente la fatiga de la perimenopausia?

La fatiga de la perimenopausia puede sentirse como un agotamiento profundo, falta de motivación, pesadez en las piernas y los brazos, niebla mental, apatía emocional, mala concentración, bajones de energía por la tarde o cansancio incluso después de dormir. Algunas mujeres la describen como «un cansancio que no es normal».

Esto importa porque «fatiga» es una palabra pequeña para una experiencia muy grande. Para una mujer significa tener que sentarse después de las tareas básicas. Para otra, perder la agilidad mental de antes. Para otra, despertarse cansada y pasarse el día esperando la hora de acostarse. Y para otra, sentirse emocionalmente agotada por cosas que antes llevaba con facilidad.

Puede manifestarse de distintas maneras:

  • Te despiertas sin sentirte descansada.
  • Necesitas más tiempo de recuperación después del ejercicio.
  • Tienes sueño por la tarde.
  • Pierdes la paciencia más rápido.
  • Sientes el cuerpo pesado.
  • Tu motivación desaparece.
  • Olvidas cosas sencillas.
  • Te sientes cansada emocionalmente, no solo físicamente.
  • Sientes que tu «batería» ya no se carga al 100 %.

Esta última imagen suele ser la más acertada. No es que la batería esté rota. Es que hay demasiadas aplicaciones funcionando en segundo plano: cambios hormonales, mal sueño, sofocos, sudores nocturnos, comidas saltadas, estrés, cafeína, alcohol, crianza, trabajo, padres mayores, tensiones de pareja, demasiado poco movimiento o demasiado entrenamiento duro, reglas más abundantes, cambios de tiroides, bajo estado de ánimo, ansiedad. Y sí, a veces simplemente demasiada vida.

El problema es que las mujeres son muy buenas funcionando cansadas. Demasiado buenas, a veces. Siguen adelante. Se adaptan. Rebajan sus expectativas en silencio. Dejan de hacer las pequeñas cosas que antes les daban alegría porque, después de lo imprescindible, no queda energía. Se vuelven eficientes, pero se sienten menos vivas. Por eso la fatiga merece atención. No porque cada día de cansancio sea una urgencia médica, sino porque la fatiga prolongada puede ir encogiendo tu vida sin hacer ruido.

¿Es la fatiga un síntoma normal de la perimenopausia?

La fatiga puede ser frecuente durante la perimenopausia, sobre todo cuando se acompaña de mal sueño, sudores nocturnos, cambios de humor o más estrés. Pero «frecuente» no significa que deba ignorarse, sobre todo si es intensa, persistente o nueva para ti.

Esta es una de las distinciones más importantes en la salud de las mujeres: frecuente no significa irrelevante. Las reglas irregulares son frecuentes. Los sofocos son frecuentes. Los problemas de sueño son frecuentes. Los cambios de humor son frecuentes. Pero si afectan a tu vida, importan. Un síntoma no tiene que ser raro para merecer atención.

El NHS describe los problemas de sueño, los cambios de humor y los problemas de memoria o concentración entre los síntomas de la perimenopausia y la menopausia, y señala que estos síntomas pueden sentirse peor si tienes problemas de sueño y estás muy cansada.

La fatiga cobra especial importancia cuando cambia tu estado habitual. Pregúntate:

  • ¿Este cansancio es nuevo para mí?
  • ¿Está empeorando?
  • ¿Evito actividades normales porque no tengo energía?
  • ¿Dependo mucho de la cafeína, el azúcar o el alcohol para pasar el día?
  • ¿Está afectando la fatiga a mi trabajo, mis relaciones o mi estado de ánimo?
  • ¿Tengo también sangrado abundante, mareos, palpitaciones, cambios de peso, bajo estado de ánimo, dolor o dificultad para respirar?

Si la respuesta a cualquiera de estas preguntas es sí, la fatiga no debe despacharse como «cosa de la edad». La perimenopausia puede ser parte de ella. Pero también puede haber otros factores que vale la pena comprobar, como la anemia por falta de hierro, los problemas de tiroides, la falta de vitamina B12, la apnea del sueño, la diabetes, la depresión, la ansiedad o los efectos secundarios de algún medicamento. Un enfoque que tiene en cuenta la menopausia no dice: «Todo son las hormonas». Dice: «Las hormonas pueden influir. Miremos el cuadro completo».

¿Cómo afectan los cambios hormonales a la energía?

Durante la perimenopausia, los niveles hormonales suben y bajan de forma irregular en lugar de simplemente descender. Gran parte del efecto sobre la energía es indirecto: los mismos cambios pueden traer sofocos, sudores nocturnos, sueño interrumpido, cambios de humor y reglas más abundantes o irregulares, y cada uno de ellos puede ir desgastándote.

Muchas mujeres esperan que la perimenopausia sea un descenso lento. Menos estrógeno, luego la menopausia, y listo. Pero la perimenopausia a menudo se parece menos a una pendiente suave y más a un sistema meteorológico mal organizado.

Algunos meses te sientes casi normal. Algunos meses la regla se adelanta. Algunos meses desaparece. Algunos meses el sueño se desploma. Algunos meses aparece la ansiedad. Algunos meses te sientes hinchada, cansada, espesa e irritada con cualquier ser vivo de tu casa. El NHS señala que durante la perimenopausia las reglas pueden llegar con más o menos frecuencia y el sangrado puede volverse más abundante o más escaso, y que los síntomas pueden cambiar con el tiempo: los sofocos y los sudores nocturnos pueden suavizarse y dar paso a otros, como el bajo estado de ánimo y la ansiedad.

Piensa en la diferencia entre conducir por una carretera despejada y hacerlo en un atasco, frenando, acelerando y cambiando de carril sin parar. La distancia puede ser la misma, pero el segundo trayecto agota mucho más.

Los cambios hormonales pueden afectar a la energía a través de otros síntomas:

  • Los sofocos pueden interrumpir el sueño.
  • Los sudores nocturnos pueden despertarte una y otra vez.
  • El bajo estado de ánimo y la ansiedad pueden sumar cansancio mental.
  • La niebla mental puede hacer que el trabajo parezca más difícil.
  • En algunas mujeres, un sangrado más abundante puede provocar falta de hierro.

Y cuando varios de estos se dan a la vez, el cansancio puede parecer desproporcionado. Quizá pienses: ¿Por qué estoy tan cansada? Solo me he despertado dos veces. Pero si esos despertares llegan tras semanas de sueño más ligero, más estrés, sangrados más abundantes, menos movimiento y comidas desordenadas, puede que tu cuerpo lleve tiempo sin recuperarse del todo. La fatiga no suele ser una sola mala noche. Es un patrón.

¿Cuánto de este cansancio viene del sueño?

A menudo, buena parte. Los problemas de sueño se vuelven más frecuentes durante la transición menopáusica, y despertarse por la noche es una de las quejas más habituales. Pero la fatiga diurna también puede tener otras causas, así que el sueño es una pieza que conviene revisar, no la respuesta completa.

Esta es la broma cruel de la fatiga en la perimenopausia: puedes estar agotada todo el día y, aun así, no dormir bien por la noche.

Una revisión sobre el sueño en la transición menopáusica describe que los trastornos del sueño se vuelven más frecuentes en esta etapa, con los despertares nocturnos como la queja de sueño más habitual, y señala que no todas las mujeres con problemas de sueño relacionados con la menopausia tienen sofocos. El NHS añade que el alcohol hace que el sueño sea menos profundo, de modo que puedes sentirte cansada al día siguiente incluso después de una noche entera en la cama.

Así que, si estás cansada durante la perimenopausia, puede ayudarte fijarte en la calidad del sueño, no solo en su duración. Siete horas de sueño interrumpido pueden no sentirse como siete horas. Explicamos por qué una noche completa puede no resultar reparadora —y qué puede haber detrás— en nuestro artículo sobre despertarse cansada aunque hayas dormido lo suficiente.

¿Pueden los sudores nocturnos y los sofocos causar agotamiento?

Sí, los sudores nocturnos y los sofocos pueden contribuir al agotamiento, sobre todo porque interrumpen el sueño. Incluso los despertares breves pueden acumularse cuando se repiten noche tras noche.

Los sudores nocturnos pueden ser traicioneros. Puede que no recuerdes haberte despertado cada vez. Quizá solo notes el resultado: el pijama húmedo, la ropa de cama revuelta, una pareja que se queja de las ventanas, las mantas y los cambios de temperatura, y un cuerpo que por la mañana se siente como si no se hubiera apagado del todo.

En un estudio en laboratorio del sueño descrito en esa misma revisión, la mayoría de los sofocos (el 69 %) coincidieron con un despertar. El NHS también señala que los problemas de sueño pueden ser peores si tienes sudores nocturnos.

Un sudor nocturno puede despertarte. Apartas la manta. Luego tienes frío. Te la vuelves a poner. Luego se te despierta la mente. Luego miras la hora. Luego calculas lo poco que te queda para dormir. Luego te irritas. Y al final estás completamente despierta.

Por la mañana, quizá no digas: «He tenido cinco sudores nocturnos». Quizá digas: «Estoy agotada». Ese agotamiento es real.

Los sofocos también pueden aparecer durante el día y quitarte energía de otra manera. Si son frecuentes, te dan apuro o son físicamente intensos, puedes sentirte más tensa en reuniones, situaciones sociales o lugares públicos. Si siempre te estás preguntando: ¿Me pondré a sudar de repente? ¿Se me pondrá la cara roja? ¿Perderé la concentración? ¿Dormiré esta noche?, ese ruido mental de fondo tiene un coste.

Si los sofocos o los sudores nocturnos son intensos, frecuentes o afectan a tu vida, es un buen motivo para hablar con un profesional de la salud sobre las opciones. No tienes que esperar a estar completamente agotada.

¿Es fatiga, burnout o perimenopausia?

Puede ser una, dos o las tres cosas. La fatiga, el burnout y la perimenopausia pueden solaparse porque la mediana edad suele combinar cambios hormonales con muchas responsabilidades, poca recuperación y estrés prolongado. A menudo es más útil fijarse en los patrones que elegir una sola etiqueta.

Aquí es donde muchas mujeres se atascan. Se preguntan: ¿Esto es perimenopausia o burnout? Pero a veces la respuesta es: sí.

La perimenopausia puede hacer que el burnout se sienta peor. El burnout puede hacer que los síntomas de la perimenopausia sean más difíciles de llevar. El mal sueño puede intensificar ambos. Y la ansiedad puede subirse encima de todo como una pasajera no invitada que da malas indicaciones. El burnout se suele describir como un agotamiento que surge de un estrés prolongado sin suficiente recuperación; puede manifestarse como agotamiento emocional, cinismo, menos motivación o una sensación de desconexión de las cosas que antes importaban.

La fatiga relacionada con la perimenopausia puede aparecer junto con cambios en el ciclo, sofocos, sudores nocturnos, alteraciones del sueño, niebla mental o cambios de humor.

Pero la vida real no separa estas cosas con claridad. Una mujer en la perimenopausia también puede estar trabajando a jornada completa, cuidando de sus hijos, preocupada por sus padres, llevando una casa, intentando hacer ejercicio, intentando comer bien, intentando tener paciencia, intentando mantener la calma, intentando no gritar cuando alguien pregunta dónde están los calcetines limpios. En algún momento, el cansancio deja de ser una sorpresa.

La pregunta no es solo qué está pasando a nivel hormonal. La pregunta también es: ¿Qué le exige tu vida a un cuerpo que ya se está adaptando? No es una pregunta menor. Y merece algo más que la recomendación de un suplemento. Una forma útil de empezar es preguntarte:

  • ¿La fatiga empezó cuando cambió el ciclo?
  • ¿Empeora antes del sangrado?
  • ¿Empeora después de los sudores nocturnos?
  • ¿Empeora tras épocas de estrés?
  • ¿El descanso ayuda o no ayuda?
  • ¿Te sientes emocionalmente desconectada o solo cansada físicamente?
  • ¿Estás perdiendo interés en cosas que normalmente disfrutas?
  • ¿Hay síntomas físicos que necesitan una revisión médica?
  • ¿Cargas con responsabilidades que ningún sistema nervioso humano encontraría relajantes?

¿Pueden los cambios de azúcar en sangre empeorar la fatiga de la perimenopausia?

Pasar mucho tiempo entre comidas, tirar de café y comer sobre todo tentempiés rápidos puede hacer que tu energía se sienta inestable a lo largo del día. Algunas mujeres notan que en la perimenopausia se vuelven más sensibles a esto.

Hay un tipo de cansancio que no se siente como sueño. Se siente como si a tu cuerpo le hubieran desenchufado de golpe. A las 10 de la mañana estabas bien. A las 11:30 estás temblorosa, irritable, espesa y registrando la cocina como si tuvieras una misión.

O te sientes más o menos persona después del desayuno, y luego te desplomas por la tarde y te preguntas si sería aceptable tumbarte en el suelo de la oficina «por motivos de bienestar». El azúcar en sangre no es la única razón de que esto ocurra, pero los hábitos de comida pueden ser parte de ello.

Un desayuno a base de café y una tostada pequeña quizá funcionaba a los 32. A los 46 puede dejarte sin gasolina a media mañana. Una pausa larga entre la comida y la cena quizá antes era llevadera. Ahora puede convertirte en alguien que mira fijamente la nevera con la estabilidad emocional de un mapache cansado. Otra vez: esto no es un fallo moral.

El NHS aconseja hacer comidas regulares y tentempiés saludables a lo largo del día en lugar de una comida grande de vez en cuando, para ayudar a mantener la energía. Un enfoque útil no es obsesionarse con la comida. Es preguntarse:

  • ¿Me siento peor cuando me salto el desayuno?
  • ¿Me siento más cansada después de comer solo algo dulce?
  • ¿Tengo un bajón después de un café sin comer nada?
  • ¿Me siento mejor cuando incluyo proteína más temprano en el día?
  • ¿Dejo pasar demasiado tiempo entre comidas?

Sentirte muy cansada y a la vez tener mucha sed, orinar más de lo habitual y perder peso es otra cosa: el NHS incluye esta combinación como posible señal de diabetes, que el médico de familia puede comprobar con un análisis de sangre.

¿Pueden la falta de hierro o las reglas abundantes causar fatiga en la perimenopausia?

Sí, pueden. Las reglas pueden volverse más abundantes durante la perimenopausia, las reglas abundantes son una causa muy frecuente de anemia por falta de hierro, y la investigación en mujeres de mediana edad ha relacionado el sangrado abundante o prolongado con la fatiga. El sangrado abundante siempre debe comentarse con un médico.

La perimenopausia es famosa por las reglas irregulares, pero irregular no siempre significa más escasa. Algunas mujeres se saltan reglas. Otras tienen ciclos más cortos. Otras sangran más que antes. Y a algunas la regla les llega como si quisiera recuperar el tiempo perdido y viniera cargada de maletas. Si tu sangrado se vuelve más abundante o más frecuente, puede que la fatiga no sea solo hormonal.

El NHS menciona las reglas abundantes como una causa muy frecuente de anemia por falta de hierro, cuyos síntomas pueden incluir falta de energía, dificultad para respirar, el corazón acelerado, palidez y dolor de cabeza. Un estudio de 2025, basado en los calendarios menstruales diarios de más de 2300 mujeres de mediana edad, encontró que el sangrado abundante o prolongado durante la transición menopáusica se asociaba a un mayor riesgo de fatiga.

Esta es una de las razones por las que la fatiga no debe pasarse por alto. Si tienes cuarenta y tantos, de repente estás agotada y tus reglas han cambiado, vale la pena preguntar a tu médico si conviene hacer un análisis de sangre. El propio sangrado abundante puede tener distintas causas, desde miomas hasta algunos medicamentos y, rara vez, cáncer de útero, y ese es otro motivo para que te lo revisen.

El NHS aconseja ir al médico de familia si las reglas abundantes están afectando a tu vida, o si:

  • necesitas cambiarte la compresa o el tampón cada 1 o 2 horas,
  • tienes reglas que duran más de 7 días,
  • expulsas coágulos de más de unos 2,5 cm,
  • manchas la ropa o la ropa de cama,
  • te sientes cansada o te falta el aire con frecuencia,
  • o sangras entre reglas o después de tener relaciones sexuales.

La página del NHS sobre la menopausia también aconseja contactar con el médico de familia si tu patrón de sangrado ha cambiado y sangras más, no menos, que antes. No es para asustarte. Es para recordarte que «perimenopausia» no debería convertirse en una explicación comodín para todo. La transición hormonal es real. Y la importancia de una buena valoración médica, también. Las dos cosas pueden ser ciertas.

¿Pueden los problemas de tiroides parecerse a la fatiga de la perimenopausia?

Sí, pueden. El hipotiroidismo puede causar un cansancio extremo, sensación de frío, aumento de peso, bajo estado de ánimo, dificultad para concentrarse y reglas irregulares o abundantes, mientras que el hipertiroidismo puede causar ansiedad, sensibilidad al calor, dificultad para dormir y latidos rápidos o irregulares.

La tiroides es una de esas glándulas pequeñas que trabajan como una gestora discreta entre bastidores, hasta que algo cambia y, de repente, toda la oficina anda desorientada.

El NHS incluye el cansancio extremo, la sensación de frío, el aumento de peso, el bajo estado de ánimo, la dificultad para concentrarse y las reglas irregulares o abundantes entre los síntomas del hipotiroidismo, y el nerviosismo, la ansiedad, la sensibilidad al calor, la dificultad para dormir y el cansancio constante entre los del hipertiroidismo. Muchos de ellos coinciden con los de la perimenopausia, y por eso puede ser difícil distinguir qué es qué solo por los síntomas. Explicamos este solapamiento con más detalle en nuestro artículo sobre los problemas de tiroides y los síntomas de la menopausia.

¿Cansada? Podría ser la perimenopausia. Podría ser la tiroides. Podría ser la falta de hierro. Podría ser deuda de sueño. Podría ser burnout. Podrían ser todos a la vez, en una reunión de equipo muy poco productiva.

Por eso es importante la revisión médica cuando la fatiga es persistente, intensa o nueva. No significa que tengas que asustarte ni exigir todas las pruebas posibles. Pero es razonable preguntar a tu médico si conviene revisar la función tiroidea. Un buen enfoque es llevar un patrón claro de tus síntomas:

  • ¿Cuándo empezó la fatiga?
  • ¿Cómo ha cambiado tu ciclo?
  • ¿Estás ganando o perdiendo peso sin motivo aparente?
  • ¿Tienes más frío o más calor de lo habitual?
  • ¿Ha cambiado tu ritmo cardiaco?
  • ¿Tus reglas son más abundantes?
  • ¿Cómo duermes?
  • ¿Tienes ansiedad, bajo estado de ánimo o niebla mental?
  • ¿Han cambiado tus medicamentos?
  • ¿Tienes antecedentes personales o familiares de enfermedad tiroidea?

Cuando puedes mostrar patrones en lugar de intentar recordarlo todo en una consulta de diez minutos, la conversación se vuelve más útil. No estás siendo difícil por preguntar. Estás siendo precisa.

¿Por qué el estrés agota más durante la perimenopausia?

El mal sueño, los cambios hormonales y las responsabilidades de la mediana edad pueden dejar menos margen para recuperarse, así que el mismo estrés que antes parecía llevadero ahora puede costarte más tiempo superarlo. La investigación que siguió a mujeres durante la transición menopáusica sugiere que, en esta etapa, el estrés y la fatiga pueden relacionarse de formas menos previsibles.

Esta es una de las partes más frustrantes de la perimenopausia. Puedes mirar tu vida y pensar: He pasado por cosas peores. Y quizá sea así. Has sobrevivido a la falta de sueño con un recién nacido, a plazos de entrega, problemas familiares, apuros económicos, desengaños amorosos, reuniones del colegio, mudanzas, enfermedades y, probablemente, a varias versiones de ti misma.

Entonces, ¿por qué una semana estresante normal ahora te deja como si te hubieran quitado el esqueleto? Porque la resistencia no es solo una cuestión de personalidad. El NHS señala que muchos casos de cansancio se deben al estrés, a dormir poco, a una mala alimentación y a otros factores del estilo de vida. Un estudio que analizó los diarios de síntomas de mujeres a lo largo de la transición menopáusica encontró indicios de que la relación habitual entre el estrés y la fatiga puede alterarse, y sus autoras pidieron un enfoque integral para acompañar a las mujeres en esta etapa.

Piensa en la batería del teléfono. A los 30, una semana dura te dejaba sin carga y un par de noches decentes te recuperaban. A los 46, puede que empieces el día con menos carga, la gastes más rápido y recargues menos por la noche porque el sueño se ha interrumpido. Al cabo de unas semanas, no estás cansada por un solo acontecimiento. Estás cansada por una recuperación incompleta.

Aquí es donde muchas mujeres se enfadan consigo mismas. Dicen: «Debería poder con esto». Pero quizá la frase más acertada sea: «Mi recuperación ya no está a la altura de mi carga». Esa frase no es debilidad. Es un dato.

La respuesta no siempre es hacerse más dura. A veces la respuesta es reducir la carga, aumentar la recuperación, pedir ayuda, ajustar las expectativas y dejar de fingir que tu cuerpo sigue funcionando en las mismas condiciones que hace diez años. Esto puede significar:

  • menos sesiones de trabajo hasta tarde,
  • conversaciones más sinceras en casa,
  • menos alcohol como forma de aliviar el estrés,
  • movimiento que ayude en lugar de agotar,
  • límites más firmes,
  • menos hacer mil cosas a la vez,
  • más recuperación planificada después de los días exigentes,
  • o hablar con tu médico de los síntomas que te están robando el sueño.

No tienes que derrumbarte primero para ganarte el descanso.

¿Puede el exceso de ejercicio empeorar la fatiga de la perimenopausia?

El movimiento regular suele ayudar a la energía con el tiempo, pero la intensidad y la recuperación importan. Si ya duermes mal y vas con el depósito vacío, algunas mujeres notan que añadir más entrenamiento duro las deja más cansadas, no menos.

Es un punto delicado, porque el movimiento importa mucho en la mediana edad. El NHS señala que el ejercicio regular hará que a la larga te sientas menos cansada y tengas más energía. Si quieres una visión más amplia de qué tipos de movimiento importan después de los 40, nuestra guía sobre el ejercicio durante la menopausia lo explica. Pero más no siempre es mejor. Sobre todo cuando tu cuerpo ya va con la batería baja.

Algunas mujeres responden a la fatiga de la perimenopausia apretando más. Piensan: Estoy ganando peso, estoy cansada, necesito disciplina, tengo que entrenar más fuerte. Así que suman entrenamientos intensos a un mal sueño, mucho estrés, comidas saltadas y sudores nocturnos. Luego se sienten peor. Y luego se culpan. Pero puede que el problema no sea el ejercicio. Puede que sea el desajuste.

Algunas señales de que tu rutina puede estar sumando a tu fatiga:

  • te sientes agotada el resto del día después de entrenar,
  • estás más irritable después de entrenar,
  • duermes peor después de las sesiones intensas por la noche,
  • necesitas más cafeína para funcionar,
  • ya no te recuperas entre un entrenamiento y otro,
  • tienes agujetas durante más tiempo de lo habitual,
  • o el ejercicio empieza a parecerte un castigo.

Esto no significa que debas dejar de moverte. Puede significar ajustar la combinación y dejar espacio para la recuperación. Una buena regla: el ejercicio debe ponerte a prueba, no aplastarte. Deberías sentir que tu cuerpo ha trabajado. No deberías sentir que te han borrado emocionalmente.

Si estás muy cansada, empezar poco a poco e ir aumentando de forma gradual es una manera razonable de comenzar. La constancia gana al heroísmo. Y, sinceramente, el heroísmo está sobrevalorado. Queda impresionante durante dos semanas y luego suele acabar con alguien comiendo cereales a las 10 de la noche mientras busca en internet «fatiga adrenal», que no es hacia donde queremos llevar esta historia. Si los dolores y la rigidez son parte de lo que te frena a la hora de moverte, nuestro artículo sobre el dolor articular durante la menopausia puede ayudarte a entenderlo.

¿De verdad influye la alimentación en la energía durante la perimenopausia?

Qué comes y cuándo lo comes puede influir en lo estable que sientes tu energía. Las comidas regulares, beber suficiente líquido y no funcionar solo a base de cafeína son puntos de partida sencillos. Las vitaminas, los minerales u otros suplementos son algo que conviene hablar con tu médico o tu farmacéutico, no empezar a tomar por tu cuenta.

La comida no es magia. Pero es combustible. Y durante la perimenopausia, muchas mujeres descubren que su cuerpo se ha vuelto menos tolerante con una alimentación desordenada.

El patrón de antes quizá era café, algo pequeño, sin tiempo para comer, un tentempié dulce, más café, una cena abundante, vino, mal sueño, y vuelta a empezar. Esto puede funcionar un tiempo. Las mujeres son muy hábiles funcionando con energía prestada. Pero la energía prestada cobra intereses. Después de los 40, el cuerpo puede pedir un apoyo más constante. No perfección. Apoyo.

La proteína forma parte de esa conversación, sobre todo si además quieres conservar tu fuerza. Un plato sencillo suele incluir una fuente de proteína, verdura o fruta, hidratos de carbono ricos en fibra si te sientan bien y algo de grasa saludable. Por ejemplo:

  • Yogur griego con frutos rojos, frutos secos y semillas.
  • Huevos con verduras y una tostada integral.
  • Sopa de lentejas con aceite de oliva y ensalada.
  • Pescado con patatas y verduras de hoja.
  • Tofu o pollo con verduras y arroz.
  • Alubias, aguacate y verduras en una tortilla de trigo.

No tiene por qué ser glamuroso. A tu cuerpo le da igual si tu comida es digna de Instagram.

Los líquidos también importan: el NHS señala que a veces te sientes cansada simplemente porque estás un poco deshidratada.

Y luego está la cuestión de los suplementos. Si te estás planteando tomar hierro, vitaminas o cualquier otro suplemento, habla antes con tu médico o tu farmacéutico. Si la fatiga es fuerte, suele ser más útil averiguar qué hay detrás —por ejemplo, con las comprobaciones que describimos más abajo— que comprar una estantería llena de productos. Puede que tu cuerpo no necesite más productos. Puede que necesite una imagen más clara.

¿La cafeína ayuda o empeora la fatiga?

La cafeína puede hacerte sentir más despierta durante un rato, pero también puede alterar tu sueño y dejarte más cansada al día siguiente. Algunas mujeres notan que la cafeína les afecta de otra manera durante la perimenopausia.

El café es complicado porque muchas mujeres no lo toman solo por la energía. Lo toman por el ritual. Por identidad. Por ese pequeño momento civilizado antes de que todo el mundo empiece a necesitar algo. Y ningún artículo debería poner en peligro esa relación a la ligera sin mostrarle el debido respeto.

Así que, para que quede claro: la cafeína no es mala por definición. La cuestión es si te está ayudando o si, sin que te des cuenta, ha tomado el mando. El NHS señala que la cafeína puede alterar tus ritmos de sueño habituales, lo que provoca problemas para dormir y luego cansancio durante el día, y aconseja reducirla poco a poco si tomas mucha.

Algunas mujeres notan que ahora la cafeína las pone más nerviosas, más ansiosas o más despiertas que antes, o que por la mañana les sienta bien pero más tarde se convierte en un problema. Además, la cafeína puede:

  • tapar el cansancio en lugar de resolver su causa,
  • sustituir al desayuno o a comidas de verdad,
  • y mantenerte en marcha cuando tu cuerpo te está pidiendo recuperación.

Un experimento útil no tiene por qué ser dejar el café. Puede ser tomarlo después del desayuno en lugar de antes, una taza menos, adelantar la última, o fijarte en si la ansiedad o los sofocos parecen llegar después de la cafeína. No intentas ser perfecta. Intentas averiguar si la cafeína apoya tu energía o se la está pidiendo prestada al día de mañana.

¿Por qué me siento cansada pero acelerada por la noche?

Sentirte agotada todo el día y despejada a la hora de dormir es una combinación frecuente y frustrante. El estrés, la cafeína a última hora, el alcohol, las pantallas por la noche, un dormitorio caluroso y los sudores nocturnos pueden influir.

Todo el día estás cansada. Luego llega la hora de dormir y, de repente, tu cerebro se comporta como si lo hubieran contratado de vigilante nocturno. Recuerdas cosas. Planificas cosas. Te preocupas por cosas. Repasas conversaciones. Tu cuerpo está agotado, pero tu sistema no se quiere apagar.

Una noche mejor no tiene por qué ser una rutina perfecta de spa. Siempre hay alguien que necesita un cargador, una firma o apoyo emocional justo en el peor momento. El NHS propone algunas cosas básicas: intentar mantener los mismos horarios de sueño, relajarte durante un par de horas antes de acostarte, que el lugar donde duermes no tenga demasiada luz, ruido ni calor, evitar comer, la cafeína o el ejercicio en las dos horas previas a dormir, y evitar las pantallas en la última hora. Incluso una sola de ellas puede ser un comienzo.

¿Pueden estar relacionadas la niebla mental y la fatiga?

Sí, suelen ir de la mano. El mal sueño, el bajo estado de ánimo, el estrés y los cambios hormonales pueden hacer que pensar resulte más lento y costoso, y el NHS incluye los problemas de memoria o concentración entre los síntomas de la perimenopausia y la menopausia.

La niebla mental no es solo olvidar para qué has entrado en una habitación. Aunque, para ser justas, eso también pasa, con un sentido de la oportunidad digno de teatro. La niebla mental puede sentirse como una pesadez en la cabeza. Lees la misma frase tres veces. Se te van las palabras. Olvidas nombres. Empiezas una tarea, te desvías hacia otra y acabas de pie en la cocina con unas tijeras en la mano preguntándote cuál era la misión original.

Cuando la fatiga y la niebla mental van juntas, la vida cuesta más. El trabajo lleva más tiempo. Planificar cuesta más. Tomar decisiones cansa. Hasta las conversaciones pueden parecer demasiada información.

Esto puede asustar a mujeres que siempre han contado con ser rápidas, organizadas y resolutivas. El NHS describe los problemas de memoria y concentración entre los síntomas de la perimenopausia y la menopausia. Dicho esto, los síntomas cognitivos debe revisarlos un médico si son intensos, empeoran rápido, son inusuales para ti o afectan a tu seguridad y a tu vida diaria.

Un primer paso práctico es reducir la carga mental:

  • Usa listas.
  • Mantén las rutinas sencillas.
  • No confíes todo a la memoria.
  • Agrupa las tareas.
  • Deja las cosas importantes siempre en el mismo sitio.
  • Haz menos cosas a la vez.
  • Descansa antes de que tu cerebro te obligue a hacerlo.

Y, por favor, no interpretes cada palabra olvidada como un fracaso personal. No eres una máquina. Eres una mujer atravesando una transición exigente, probablemente gestionando además una vida que no se diseñó pensando en tu sistema nervioso. Un poco de compasión no es darse caprichos. Es una buena estrategia.

Si la niebla mental es lo que más te preocupa, nuestra guía sobre la niebla mental en la menopausia repasa lo que dice la investigación y qué puede ayudarte.

¿Qué pasos prácticos pueden ayudar con la fatiga de la perimenopausia?

Los cambios pequeños y realistas son un buen punto de partida: proteger tu sueño donde puedas, comer con regularidad, vigilar la cafeína y el alcohol a última hora, moverte de una forma que te deje mejor y no agotada, aligerar tu carga, fijarte en los patrones y hacerte una revisión cuando la fatiga sea nueva, intensa o persistente.

Aquí es donde los consejos sobre la fatiga suelen volverse irritantes. Porque cuando una mujer dice «estoy agotada», lo último que necesita es una rutina matinal perfecta que empiece a las 5:30 con exposición al frío, diario, ejercicios de respiración, entrenamiento de fuerza, un batido de proteínas, luz del sol, gratitud y una cocina impecable. Precioso en teoría.

En la vida real, alguien no encuentra sus calcetines de deporte, el lavavajillas huele raro, uno de los niños necesita que le firmes algo, tu teléfono tiene 19 mensajes sin leer y tú ya estás cansada antes de desayunar. Así que vamos a lo práctico. No tienes que darle la vuelta a toda tu vida. Tienes que reducir las cosas que te agotan y aumentar las que te ayudan a recuperarte. Empieza por algo pequeño.

1. Protege una parte de tu sueño

Quizá no puedas arreglar tu sueño en una semana. Pero puedes elegir un punto que proteger: un dormitorio más fresco, unas cuantas noches con menos alcohol, adelantar el último café, luces más tenues por la noche o una hora fija para levantarte. El objetivo no es una higiene del sueño perfecta. El objetivo es una interrupción menos. Eso cuenta.

2. Come antes de desesperarte

Si la fatiga llega con irritabilidad, temblores, antojos o bajones por la tarde, revisa el horario de tus comidas. Intenta no pasar la primera mitad del día a base de café y optimismo. Un ritmo sencillo puede ayudar:

  • algo de proteína en el desayuno,
  • una comida de verdad en lugar de saltártela,
  • un tentempié previsto si la cena va a ser tarde,
  • agua antes de que empiece el dolor de cabeza,
  • y menos tiempo seguido sin comer.

No se trata de perder peso. Se trata de que tu energía sea más estable.

3. Muévete, pero no te castigues

Algunos días, el movimiento adecuado es el entrenamiento de fuerza. Otros, una caminata a buen ritmo. Otros, pilates, movilidad o estiramientos. Y otros, dar una vuelta a la manzana y contarlo como una victoria, porque hoy no estás entrenando para las Olimpiadas. Una buena pregunta después de hacer ejercicio es:

  • ¿Me siento exigida, pero mejor?
  • ¿O me siento agotada, acelerada, irritable y más cansada?

Tu respuesta es un dato útil.

4. Reduce un ladrón de energía

No intentes arreglarlo todo. Elige un ladrón de energía y ponlo a prueba durante una semana. Quizá sea el alcohol, quizá la cafeína a última hora, quizá mirar el teléfono en la cama, quizá saltarte la comida, quizá decir que sí a todo, quizá el ejercicio intenso en mal momento, o quizá cargar con el trabajo emocional de toda la casa mientras finges que no te cuesta nada. Elige uno.

El objetivo no es convertirte en una máquina disciplinada del bienestar. El objetivo es averiguar qué te estaba pidiendo tu cuerpo en silencio que cambiaras.

5. Registra la fatiga sin obsesionarte

La fatiga puede parecer aleatoria cuando intentas recordarla solo de memoria. Pero cuando la anotas, los patrones suelen aparecer. Durante unas semanas, apunta tu nivel de fatiga, la calidad del sueño, los sudores nocturnos o sofocos, el día del ciclo o el sangrado, la cafeína, el alcohol, el movimiento, el estrés, las comidas y el estado de ánimo. No hacen falta notas largas. Basta con un registro rápido cada día. No se trata de diagnosticarte. Se trata de darte cuenta de lo que tu cuerpo cansado lleva tiempo repitiendo, y de tener algo concreto que enseñarle a tu médico.

¿Cuándo deberías ir al médico por la fatiga?

Ve al médico si llevas unas semanas cansada sin saber por qué, si el cansancio afecta a tu vida diaria o si viene con otros síntomas, como pérdida de peso, cambios de humor, sangrado abundante, dificultad para respirar, palpitaciones o ronquidos fuertes con jadeos por la noche.

La perimenopausia puede contribuir a la fatiga. Pero la fatiga no debería archivarse automáticamente bajo «hormonas» e ignorarse. El NHS aconseja ir al médico de familia si llevas unas semanas sintiéndote cansada y no sabes por qué, si el cansancio afecta a tu vida diaria, o si estás cansada y tienes otros síntomas, como pérdida de peso o cambios de humor, o te han dicho que haces ruidos de jadeo, resoplido o atragantamiento mientras duermes.

Un médico puede ayudarte a averiguar si hay otros factores implicados. El NHS menciona, entre otros:

  • la anemia por falta de hierro,
  • el hipotiroidismo o el hipertiroidismo,
  • la anemia por falta de vitamina B12 o de ácido fólico,
  • la apnea del sueño,
  • la diabetes,
  • la depresión o el estrés,
  • los efectos secundarios de los medicamentos,
  • u otras causas médicas.

Pide también consejo médico si te falta el aire con la actividad habitual, te sientes débil o mareada, el corazón se te acelera o late de forma irregular, tus reglas son muy abundantes o largas, sangras entre reglas o después de tener relaciones sexuales, o si tu intuición te dice: «Esto no es normal en mí». Si te sientes decaída o sin esperanza de forma persistente, habla con tu médico o con un profesional de la salud mental sobre el apoyo más adecuado para ti. Si en algún momento no te sientes a salvo o tienes pensamientos de hacerte daño, llama al número de emergencias local o busca una línea de ayuda gratuita y confidencial en tu país en findahelpline.com.

Las mujeres a menudo esperan demasiado porque temen que no se las tome en serio o porque creen que deberían aguantar. Pero no tienes que llegar a la consulta ya al límite. Una frase útil es: «Puede que esté en la perimenopausia, pero esta fatiga está afectando a mi vida. Me gustaría comprobar si hay algo más que esté influyendo». Es tranquila. Es concreta. Abre la conversación adecuada.

¿Qué deberías pedirle a tu médico que revise?

Tu médico decidirá qué comprobaciones encajan con tus síntomas. Para el cansancio, el NHS indica que pueden incluir análisis de sangre, por ejemplo para descartar anemia, diabetes o hipertiroidismo. Llevar notas sobre tus reglas, tu sueño, tu estado de ánimo y tus medicamentos facilita la conversación.

No hace falta que entres en la consulta exigiendo un menú de laboratorio gigante. Pero puedes ir preparada. Lleva notas sobre cuándo empezó la fatiga, si es constante o va por rachas, cómo han cambiado tus reglas, si el sangrado es más abundante, cómo duermes, si tienes sofocos o sudores nocturnos, si te sientes decaída, ansiosa o desbordada, si tienes palpitaciones o te falta el aire, qué medicamentos o suplementos tomas y qué mejora o empeora la fatiga. Esto no es prepararse de más. Es echarle una mano a tu cerebro cansado.

El NHS señala que el médico de familia puede pedir pruebas como análisis de sangre para descartar anemia, diabetes o hipertiroidismo, y derivarte a un especialista si la causa no está clara. Si tus reglas se han vuelto más abundantes, la sociedad de menopausia ha pedido más atención clínica a los cambios de sangrado en esta etapa de la vida, sobre todo cuando también hay fatiga. Es razonable mencionar ambas cosas y preguntar si conviene revisar la tiroides, el hemograma y el hierro, o la vitamina B12.

No todas las mujeres necesitan todas las pruebas. Pero todas merecen que se las escuche. Y si sientes que no te toman en serio, es razonable buscar otra opinión, a ser posible de un profesional que conozca bien la transición menopáusica.

¿Puede la terapia hormonal ayudar con la fatiga de la perimenopausia?

La terapia hormonal no es una pastilla de energía. Según el NHS, la terapia de reemplazo hormonal (TRH) puede aliviar los sofocos, los sudores nocturnos, y los problemas de sueño y el bajo estado de ánimo causados por la menopausia; si son eso lo que te agota, tratarlos puede cambiar cómo te sientes. Si es adecuada para ti es una decisión para tomar junto con tu médico.

Si los sudores nocturnos te despiertan una y otra vez, si los sofocos te alteran el día o si el mal sueño está desgastando tu estado de ánimo y tu concentración, puede que los síntomas que hay detrás de la fatiga tengan tratamiento. El NHS describe la TRH como eficaz para aliviar la mayoría de los síntomas de la perimenopausia y la menopausia, entre ellos los sofocos, los sudores nocturnos, los problemas de sueño causados por la menopausia y la ansiedad y el bajo estado de ánimo causados por la menopausia, y aconseja hablar con el médico de familia, que te ayudará a decidir.

La guía NICE sobre la menopausia recomienda ofrecer TRH para los sofocos y los sudores nocturnos, e incluye también la terapia cognitivo-conductual (TCC) específica para la menopausia como opción para estos síntomas y para los problemas de sueño relacionados con ellos, como los despertares nocturnos. Pide a los médicos que comenten contigo los beneficios y los riesgos de cada opción.

Que un tratamiento sea adecuado depende de tu edad, tu etapa, tus síntomas, tu historial médico, tus factores de riesgo personales y tus preferencias. Un buen profesional debería ayudarte a entender las opciones, no empujarte por un solo camino ni cerrar la conversación. Tienes derecho a preguntar qué opciones tienes, cuáles son los beneficios y los riesgos en tu caso concreto y cómo sabrás si te está ayudando.

¿Cómo puede ayudarte Menoup con los patrones de fatiga?

Menoup te permite registrar la fatiga junto con el sueño, los cambios del ciclo, los sofocos, los sudores nocturnos, el estado de ánimo, el estrés, la comida, el movimiento, la cafeína y el alcohol, para que los patrones sean más fáciles de ver y de comentar con tu médico.

La fatiga es uno de esos síntomas que se vuelven borrosos enseguida. ¿Cuándo empezó? ¿La semana pasada fue peor que esta? ¿Pasó antes de la regla? ¿Tuvo que ver con haber dormido mal? ¿Fueron peores los sudores nocturnos? ¿El ejercicio te ayudó o te agotó? Cuando estás cansada, estos detalles no se quedan bien ordenados en tu cabeza. Flotan. Se mezclan. Desaparecen justo cuando el médico pregunta: «¿Y desde cuándo te pasa esto?».

Menoup te da un sitio donde dejar las pistas, rápido y en la vida real, no en un diario de salud perfecto de fantasía. Mona, la compañera de IA de la app, puede ayudarte a mirar esos patrones y ofrecerte información general basada en evidencia; no sustituye el consejo de tu médico. No te da un diagnóstico. Te da un mapa. Y un mapa es mejor que vagar entre síntomas solo con culpa y café.

Ideas clave

  • La perimenopausia puede contribuir a la fatiga diurna, sobre todo cuando se suman los cambios hormonales, el sueño interrumpido, los sofocos, los sudores nocturnos, el bajo estado de ánimo, el estrés y las responsabilidades de la mediana edad.
  • La fatiga puede sentirse a nivel físico, mental o emocional: cansancio pesado, niebla mental, poca motivación, bajones por la tarde o mala concentración.
  • El sueño suele formar parte de ello. Los despertares nocturnos se vuelven más frecuentes durante la transición menopáusica, y los sudores nocturnos pueden interrumpir el sueño una y otra vez.
  • El sangrado abundante o prolongado se ha relacionado con la fatiga en mujeres de mediana edad, y las reglas abundantes son una causa muy frecuente de anemia por falta de hierro. Habla con tu médico si sangras más.
  • No toda la fatiga es la menopausia. Los problemas de tiroides, la anemia, la falta de vitamina B12, la apnea del sueño, la diabetes, la depresión y los efectos secundarios de los medicamentos pueden coincidir con la perimenopausia.
  • Los cambios pequeños son un comienzo razonable: comidas regulares, suficiente líquido, menos cafeína y alcohol a última hora, un movimiento que te deje mejor y no agotada, y más espacio para recuperarte.
  • Ve al médico si llevas unas semanas cansada sin saber por qué, si afecta a tu vida diaria o si viene con otros síntomas.
  • No eres perezosa. No estás fallando. La fatiga es información, y la información se puede usar.

Una última reflexión

La fatiga puede hacerte sentir que cada vez eres menos capaz. Pero el cansancio no es un defecto de personalidad. No demuestra que seas perezosa. No demuestra que seas débil. No demuestra que tu mejor versión haya desaparecido.

Puede ser una señal de que tu cuerpo carga con demasiado, se recupera demasiado poco o se está adaptando a cambios para los que todavía nadie te ha dado palabras.

Empieza por una pista:

  • Un desayuno mejor.
  • Un último café más temprano.
  • Un paseo.
  • Una noche con menos alcohol.
  • Una conversación sincera.
  • Una cita con el médico.
  • Una semana anotando cómo te sientes.

No tienes que reconstruir tu energía con una transformación espectacular. Puedes empezar por escuchar. Y a veces, eso ya es algo muy valiente.

Preguntas frecuentes

¿De verdad puede la perimenopausia dejarte agotada?

Puede contribuir. El NHS incluye los cambios hormonales, entre ellos la menopausia, entre las causas frecuentes del cansancio, y la sociedad de menopausia señala que síntomas como los sofocos, los problemas de sueño, el dolor y la depresión pueden hacer que las mujeres se sientan fatigadas. Otras causas —como la anemia, los problemas de tiroides o la apnea del sueño— pueden parecerse, así que el agotamiento persistente merece que lo consultes con un médico.

¿Pueden las reglas abundantes causar fatiga en la perimenopausia?

Pueden. Las reglas abundantes son una causa muy frecuente de anemia por falta de hierro, que puede provocar falta de energía y dificultad para respirar, y un estudio de 2025 con más de 2300 mujeres de mediana edad relacionó el sangrado abundante o prolongado durante la transición menopáusica con un mayor riesgo de fatiga. Si tus reglas se han vuelto más abundantes, habla con tu médico.

¿Debería tomar hierro para la fatiga de la perimenopausia?

Habla con tu médico o tu farmacéutico antes de tomar hierro o cualquier otro suplemento. El cansancio tiene muchas causas posibles, y un análisis de sangre puede mostrar si la falta de hierro o la anemia forman realmente parte del cuadro.

¿Cuándo debería preocuparme por la fatiga?

Ve al médico si llevas unas semanas cansada y no sabes por qué, si el cansancio afecta a tu vida diaria o si viene con otros síntomas, como pérdida de peso, cambios de humor, sangrado abundante, dificultad para respirar, palpitaciones o jadeos y ronquidos fuertes por la noche.

Autora: Fejsztámer Marianna

Última actualización: 10 de octubre de 2026

Aviso médico: Este artículo ofrece información general y no sustituye el consejo médico. La fatiga puede tener muchas causas además de la perimenopausia. Si tu cansancio es nuevo, intenso, va a peor o afecta a tu vida diaria, habla con tu médico.

Referencias

  • NHS. Tiredness and fatigue. 2023. nhs.uk
  • NHS. Self-help tips to fight tiredness. nhs.uk
  • NHS. Symptoms of menopause and perimenopause. nhs.uk
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